| Estatuas que hablan
Si hay una especialidad del periodismo en Ecuador donde se permite casi todo (más lo malo que lo bueno, más lo absurdo que lo lógico, más la falacia que la verdad), es el deportivo.
Es una lástima que muchos periodistas deportivos sean francotiradores que no cumplen con una regla fundamental de esta profesión: nunca escribas de alguien lo que no le puedes decir en la cara.
Por Sébastien Mélières.
Los periódicos y las revistas, las radios y la televisión consideran el deporte como un plato fuerte, digerible y rentable. Son las secciones más leídas y los programas más vistos, no solo en Ecuador sino en el mundo entero. En nuestro país los periodistas deportivos son numerosos y gozan de una libertad total. Pueden burlarse de un jugador, insultar a un directivo, jugar con el doble sentido, ser parcializado con un club sin que nadie diga basta. Fíjense que en las otras especialidades consideradas “serias” como el periodismo político, económico o social, si un profesional comete groseros errores, es sospechado de corrupción, si critica sin fundamentos es “cuestionado”, si miente se regresa a su casa con un currículum manchado de por vida.
A veces parece de lo más bizarro asistir a un programa deportivo con periodistas encorbatados (a parte del “hincha pelota” lo son todos) reírse a carcajadas relatando un rumor o terminando de acabar con la vida de un futbolista cuyo analfabetismo le impide contestar. El sabor queda aún más amargo al escuchar los grillos cuando el Ministro de deportes y sus asesores acusados de peculados no son objetos de ningún comentario. En otras palabras es más fácil meterse con los payasos que con el dueño del circo.
Es una lástima que un alto porcentaje de periodistas deportivos sean francotiradores que no cumplen con la máxima número uno de esta profesión: nunca escribas de alguien lo que no le puedes decir en la cara. Sería leal que la valentía que demuestra un periodista frente al teclado también la exhiba en el frente a frente. Esta solapada timidez ha provocado que las redacciones deportivas sean fértiles para alumbrar seudónimos y columnas de chismes, que en realidad son verdaderos puñales hábilmente maniobrados por cobardes.
La soberbia de buena parte de los periodistas ha crecido tanto como han descendido las verdades y las libertades. ¿Qué características debería tener un buen periodista deportivo? Todo periodista (sin importar en qué área se desempeñe) debería contar con una mejor formación general o cultural. Al menos para que pueda contextualizar un hecho deportivo con situaciones políticas, sociales o económicas que se relacionen.
La mayoría de los periodistas deportivos se han convertido en estatuas que hablan. Pero además, hablan de lo mismo. En las redacciones, un grupo de colegas discuten si la noticia sobre “la transferencia de Ronaldo merece una o dos páginas”, los duros de la radio siguen hablando de Ecuador en el Mundial y en el ámbito nacional no se cansan de preguntar “¿Piensa que será un partido difícil?” o “como se siente al saber que no va a jugar”. Muchas veces hemos gritado “negros brutos” o “futbolistas de m…” pero que contestaría usted a preguntas como: “¿Cómo se siente después de haber recibido seis goles y estar al fondo de la tabla?, “¿qué le diría al arbitro que lo sacó del partido?”… Ahí los quiero ver. Tenemos que volver a empezar, prepararnos mejor, hablar correctamente y no vivir opinando sino analizando lo que ocurre. Es hora que la especialidad llegue en el periodismo.
El rubro del comunicador deportivo necesita saber de lo que habla o escribe, la audiencia no sólo necesita relatos folclóricos sino que también requiere ser culturizada en deportes. Las estatuas necesitan cobrar vida y valentía.
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