| Con las 17 reglas no basta
Sin polémica el fútbol pierde su esencia. Los árbitros se pueden equivocar, pero siempre nos dejan la duda si lo hicieron por error...
La mayoría de nuestros árbitros no están preparados para dirigir bajo presión.
Por Juan Luis Fuenzalida Pérez

Son más los árbitros recordados por malas actuaciones que por las buenas. Lo ideal de un partido de fútbol es que el juego haya estado exento de polémicas. Cuando esto sucede, es porque el árbitro no tuvo errores y los jugadores colaboraron con el juego. Todo lo contrario pasa si quedó la duda de un penal cobrado, si estaba fuera de juego o no; y otros casos similares que terminan juzgando al hombre de negro.
En Ecuador, como en la mayoría de rincones de nuestro globo, los árbitros se han paralizado para exigir mayores beneficios en un deporte que produce millones de dólares; y estos son los que menos reciben, siempre y cuando no se dejen seducir por manos negras como lo que ocurrió hace un par de años en Italia, Alemania, Brasil y Colombia. Esta mano corrupta estuvo presente y fue descubierta. Los clubes involucrados fueron bajados de categoría, les quitaron puntos y repitieron partidos.
En Ecuador, existen casos de árbitros que dieron un paso al costado por malas actuaciones. Y aunque parezca irónico, son los que la gente más recuerda.
Byron Moreno y Pedro Ramos fueron los últimos damnificados por la presión de dirigentes, periodistas e hinchas.
En el clásico del 23 de marzo, jugado en el Capwell, se volvió a encender la polémica. La crítica recayó en Samuel Haro y su asistente. Se jugaban los 34 minutos de la segunda etapa, Marcos Mondaini metió la mano en un centro para enviar la pelota al fondo de la red. Tanto Haro, como el línea, Luis Alvarado, señalaron el gol.
Inmediatamente se levantó la polémica, ya que este error provocó la reacción inmediata del arquero Marcelo Elízaga, quien lo pechó y fue expulsado.
Haro, segundos más tarde, anuló el gol. El juez manifestó en su informe que el gol lo había anulado antes que el golero de Emelec le reclamara airadamente, pero para los que estuvimos esa tarde en el Capwell, no fue así. Todos vimos como Haro señaló el círculo central y el juez de línea corrió hasta la mitad de la cancha.
¿Se dejó presionar? ¿Su asistente le dijo que hubo una mano? Además, hubo un penal claro en contra de Zárate que el árbitro no sancionó.
El ejemplo de este partido sirve para analizar a nuestros árbitros. La mayoría de ellos no están preparados para recibir tanta presión.
A principios de año, el gremio arbitral encabezado por Alfredo Intriago, exigía mejorías en el trato con los árbitros; y tenían toda la razón de reclamar, pero cuando vemos que cada fin de semana tienen sendos errores, no podemos tapar el sol con un dedo.
Nuestro arbitraje sigue pareciendo amateur, necesitan profesionalizarse, no es posible que luego de haber participado en dos mundiales todavía existan árbitros que para poder mantener a sus familias deben tener otra profesión o negocio aparte.
Todo esto no es justificación para que ellos no se preparen como es debido. Ahora, con las ventajas de la comunicación, no es necesario que la Federación Ecuatoriana de Fútbol, les prepare talleres. Gracias al Internet, ellos tienen acceso a cursos virtuales de FIFA. Este organismo manifiesta que es fundamental la constancia, el trabajo, el esfuerzo y el entrenamiento diario. Sugieren leer bastante la guía arbitral y mirar mucho fútbol. Están pidiendo jueces de buena contextura física, que tengan imagen atlética, además que manejen bien el inglés y respondan en la cancha.
Los árbitros ecuatorianos, en la parte física, sin duda están bien preparados; sin embargo, son presas fáciles de los errores y presiones.
No basta con que sepan las 17 reglas del fútbol al pie de la letra. Deben prepararse también sicológicamente para responder a factores externos.
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