| Licencia para matar
Si no recibimos la respectiva educación en casa difícilmente vamos a poder controlar las acciones violentas.
Por Juan Luis Fuenzalida Pérez
Como todos los amantes del fútbol, seguramente alguna vez deber haber asistido o estado cerca de una barra. El colorido y las vivencias son únicos.
Generalmente uno destaca más las cosas positivas que las negativas y esto nos lleva a regresar por curiosidad, por el colorido y la pasión que se vive ahí.
El cambiar las gradas por el escritorio en ocasiones es complicado. Y mucho más cuando fuimos partícipes de ese grupo que parece inofensivo, pero cuando ingresan malos elementos se puede tornar muy peligroso.
Las últimas veces que tuve la oportunidad de ir a la barra era inevitable no percibir el excesivo consumo de alcohol, olor a marihuana y pasta base.
Las personas que la consumen, una vez entregados a los efectos de la misma, están dispuestos a todo, incluso matar.
Pero vale la pena hacer un viaje a sus hogares; y ver las condiciones en que viven y la educación que reciben.
Todas las mañanas son los principales consumidores de las noticias de crónica roja, sus hijos se entretienen con vídeo juegos violentos, viendo dibujos animados totalmente agresivos y para colmo las películas que observan en más de una ocasión enseñan como robar y como matar.
Cuando dedican su tiempo al fútbol leen en las portadas titulares como: “Clásico de vida o muerte”. Los jugadores señalan que van a “matarse” jugando, el dirigente dice que va a hacer comer el césped de la cancha a sus rivales, además una vez en el estadio observa banderas que dicen: “Por ti mato y por ti muero”, acompañadas con estribillos que dicen: “Si esa barra no se va, si esa barra no se va, la esperamos a la salida para ver que barra es la que aguanta más”.
El ambiente se torna tenso. Todos están a la defensiva; y para colmo el árbitro pita un penal que no fue. Los jugadores se tranzan a golpes entre ellos. Termina el partido y ya en casa nos enteramos que hubo graves incidentes a la salida del estadio.
Inmediatamente acusamos a las barras, exigimos a los líderes de las mismas que denuncien a los culpables pero nunca nos colocamos la mano en el corazón y decimos nosotros también somos responsables.
En Ecuador no alcanzamos a completar la decena de muertes por enfrentamientos de barras, pero en otros países como Perú, Colombia, Chile, Argentina y Brasil hace años se superaron estos números. Junto con Bolivia y Venezuela, Ecuador es el país de menos inconvenientes a pesar que tenemos la misma idiosincracia del resto.
Entre algunas soluciones que se manejan en otros lugares del continente son: sancionar los comentarios y acciones que inciten la violencia tanto de periodistas, dirigentes, jugadores, técnicos y árbitros (estos deben actuar con autoridad, pero sin prepotencia).
Las barras deben tener un líder responsable y empadronar a sus integrantes. Se deben prohibir las banderas con leyendas agresivas y toda clase de objeto contundente (juegos pirotécnicos, armas, astas de banderas etc.).
Las asociaciones o policía nacional debe equipar a los encargados de los cacheos con detectores de metales y una vez terminando el encuentro evitar que las barras se encuentren. Si el problema no tiene solución jugar el partido solo con la hinchada local (ya lo hicieron River Plate y Boca Juniors en el 2004; y en esta temporada Estudiantes de Argentina y Nacional de Uruguay por la Copa Libertadores).
Pero lo más importante es la educación; los padres deben enseñar a sus hijos que la violencia mata y que matar a una persona es un delito penal cuya sanción es la prisión.
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